domingo 15 de enero de 2012

Reinventarse para emerger (de +1 a –1)



En esta nueva actividad de periodista (senior) en paro parece que cesa la inmersión y comienza el proceso de emersión, de +1 a –1, aunque temporal, tras un ejercicio de reinvención. Es decir, por ser más claro, que la próxima visita a las oficinas donde mucha gente busca un refugio, incluso para frenar los zarpazos del estómago, será para bajar la cifra y, previsiblemente, pasar al mundo autónomo, que en el campo del espectáculo es como el funambulismo, con pocos medios para amortiguar la caída, si por desgracia se llega a producir.
Alguna lección se recibe en los pasillos de la burocracia –bajo mínimos al otro lado de la mesa, en época de vacaciones y gripe-, y es que realmente los gobiernos pueden favorecer más o menos las políticas sociales, en función de su color político, pero realmente los solidarios son los ciudadanos con los propios ciudadanos, a través de lo que pagan en su vida laboral que, por mucho, siempre tiene un tope para las percepciones, aunque nunca para las aportaciones.
Es posible que todo esto, unido a la irresponsabilidad de algunos, conduzca a sumergirse –esto parece la crónica de un viaje en submarino- en el mundo de la opacidad.
Para seguir ejerciendo el periodismo, y sobrevivir, quizá sea preciso reinventarse, como decía en casa de Enrique Meneses la colega y actriz Marta Nebot, por lo que en esta profesión se van a producir muchos cambios cuando pase la plaga de los mercados y de los sin escrúpulos. 
Nunca quedarse en la cama mientras te administran antidepresivos, según el consejo de un psiquiatra, que ejerce de político –se agradece su apoyo como el de cientos de amigos  compañeros-, cuya teoría comparto en cuanto a la respuesta al paro obligado, después de más de 35 años en un trabajo. Nada de guardar rencor ni mirar hacia atrás y menos con nostalgia.  Para seguir en el frente es preciso tener todo el mecanismo bien engrasado y a punto.
Nada será lo mismo, en algunos casos, pero hay que poner límites, para no pasar por lo que denuncia el manifiesto "Sin periodistas no hay periodismo" -de lectura recomendada-, lanzado en estos primeros días del año por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE):  “Los editores han aprovechado, y aprovechan, la coyuntura para prescindir de los periodistas más experimentados, incluidos los que han sabido adaptarse rápidamente y con entusiasmo a las nuevas tecnologías,  a fin de sustituirlos por becarios y recién licenciados, a los que pagan, cuando lo hacen, salarios indignos…” 
Efectivamente, en la misma línea, los despidos, el empeoramiento de las condiciones laborales, las ofertas de trabajo esclavistas y los cierres de medios causan un grave deterioro de la calidad informativa,  limitan la independencia de los periodistas, debilitan el compromiso de la prensa con las libertades y los derechos de los ciudadanos y el pluralismo y atentan contra el derecho a un trabajo digno que garantiza la Constitución. Esto debe conocerse,
Sin embargo, hay empresas que siguen cayendo en la trampa de creer en soluciones mágicas –y llegan a pagar a gurús y falsos sabios que les engañan-, olvidando que, como realmente funcionan, es gracias al esfuerzo e inteligencia profesional. Esta reflexión pertenece al blog de Fernando Sánchez.
Terminando, que en lo digital se agota la lectura en una pantalla, el próximo destino será Madrid, fruto de la reinvención, sin abandonar el oficio. Faltaría más, eso nunca. 

miércoles 4 de enero de 2012

Anfibio

Cuando pasas a ser +1 en la lista del paro se registran cambios fundamentales que exigen una adaptación desde el minuto cero aunque si se ha conseguido ser anfibio, incluso mimetizarse con el entorno, la transformación es más sencilla. Como parece que, según reconocen cariñosamente colegas como Rosa Jiménez Cano o Tíscar Lara, uno es de esa especie que puede vivir en varios medios, crece la confianza y el optimismo. Ante todo no hay que dar lástima y, como el ego está amortizado, viva la autoestima.


El problema son los efectos colaterales que obligan también a tratar de ayudar al entorno a una adaptación -por si éramos pocos…-, para que no se convierta ni en tragedia, tampoco en comedia, y que se sitúe todo en el punto justo de equilibrio. No hay que dejarse abatir, que aconseja Enrique Meneses, pero el estado de ánimo lleva dientes de sierra o de gráfica de índice bursátil, que se adapta más a esto de la economía sin escrúpulos que vivimos peligrosamente.

Por eso recogeré el despacho en otro momento y saldré recitando el “retrato” machadiano: “Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto escribo…”. También ligero de equipaje.

En un mar de naufragio de medios –ayer fue Público, hoy El Punt-Avui, mañana otros- y con más candidatos al + 1 , se mantienen vivas las polémicas sobre los males que afectan al periodismo y a quienes lo ejercen –ojala que no sea una especie a extinguir-, pero convendría menos ruido y mucha más inteligencia para hallar una luz; generosidad por quienes podrían ofrecerla, que al fin y al cabo es una acción humana, voluntaria… A ver si los que tienen el dinero confían en los depositarios de las ideas.

Pero siempre hay que acabar los textos dejando al lector con buen sabor de boca, así que el cierre se debe al colega Javier Valenzuela: “Dos cosas: 1.- Nadie nos quita lo bailao. Hemos vivido la mejor época del periodismo español. 2.- Seguiremos bailando. Si no es por tierra, mar o aire, será en el ciberespacio”.

martes 3 de enero de 2012

4.422.359 + 1


No se ajusta las normas de estilo periodístico lo de titular con números pero tengo permiso del editor del blog que, aunque muy purista, se permite licencias artísticas entre párrafo y párrafo, vamos como para quedar libre a la interpretación del espectador (lector), como si fuera un lienzo.

Los fríos números de los titulares de los informativos llevaban hoy una carga emocional diferente. No era la cifra para el análisis político o del estado de la situación, siempre rematando mentalmente con el ¡qué barbaridad¡ ¿hasta dónde va a llegar esto?, sino que parecía un conjunto como entrañable, como el de tus nuevos compañeros de viaje en este siguiente trayecto vital marcado por la economía (palabra últimamente más bien ligada al significado contrario a escrúpulo).

Sí, estoy entre ellos –he tratado de repasar mentalmente sus caras pero se me ha colgado el disco duro mental por falta de memoria ram-. Ya ejerzo de + 1, aún pendiente de recoger la tarjeta de demandante. “¿Cuánto tiempo ha permanecido en la última empresa?”, pues 35 años, más algunos a gatas (sin alta en la Seguridad Social). Casi ha habido que reanimar al funcionario por el sofocón, a punto de tararear a Machín con el "Toda una vida"..

Esto es así, tratar de mirar con rencor es hacerse daño, y ya no está uno como para autoflagelarse y maltratarse, que más cornadas da la vida, pienso mientras aparece el tren que hoy, como muchos días, me ha subido a Madrid. Microsegundos de dramatismo en la escena para comenzar un documental –se controla el desasosiego, no cunda el pánico- así que he convenido con otros colegas que vamos a dar a la claqueta compartiendo espacio administrativo con los temporeros que acaban de terminar la campaña de la fresa, esa que luego termina de crecer en Huelva y en Marruecos. Quizá haya que grabar escenas en el sur y siempre será mejor que con este frío, que a tantas almas afecta.

El caso es estar en el frente, y si puede ser con munición, aunque las tropas están muy mermadas en el bando del periodismo y hay quien se dedica incluso a minar su moral anunciando “eres”, despidos o concurso de acreedores –hoy el diario Público-. La víctima no es el verdugo, no hay que confundir, cada cosa en su sitio, por favor y sin empujar.


(*) La disciplina autoimpuesta conlleva la frecuente actualización

lunes 5 de diciembre de 2011

#sinperiodistasnohayperiodismo: De la autocrítica al suicidio colectivo


La cruel pérdida de empleo que está sufriendo la profesión periodística, que aún no ha concluido, y la rebaja imparable de las condiciones laborales, hasta reclamar trabajo gratis, están provocando un auténtico terremoto en la profesión periodística, que se refugia en la autocrítica como única medida de salvación.

Está muy bien analizar y poner al aire las vergüenzas de los errores propios y del colectivo, con el fin de no volver a caer en ellos, pero insistir hasta la saciedad y sin norte en esta práctica, sólo como recurso para justificar una situación, a modo de autoflagelación, lanza a todos al abismo de la pérdida de la autoestima y al alimento de las fauces de los enemigos del periodismo libre, que no son pocos, y a veces disfrazados con piel de cordero, real y virtual.

Búrbujas mediáticas -de emisoras de radio y televisión y periódicos surgidos en entornos de poder político- y académica -donde la demanda de plazas en las facultades quintuplica la oferta de puestos de trabajo-, son algunas de las causas de esta debacle, como cita el “Libro negro del periodismo”, del profesor Bernardo Díaz Nosty, adornadas también con decisiones de editores sin escrúpulos ni ética y de acólitos tratando de convencer de que sobran periodistas en las redacciones. Quizá el número de profesionales tenga relación inversamente proporcional a la cantidad a cobrar en bonus por algunos directivos.

No son ajenas la crisis económica, con el correspondiente descenso de inversión publicitaria en los medios, con un efecto negativo en las cuentas, y la irrupción de Internet, donde campa el “todo a cero”. Es curiosa la paradoja de quien apoyó sin condiciones una reciente campaña que recogía las quejas –justificadas- de quien se negaba a trabajar por una mísera cantidad -#gratisnotrabajo-, mientras de forma paralela carga indiscriminadamente contra cualquier decisión de cobro por los derechos de los autores y defiende el recorta y pega sin más y, por supuesto, los comentarios o twists preferiblemente desde el más cobarde anonimato.

Puede haber llegado el momento de reflexionar sobre el cui prodest o quien se beneficia por el debilitamiento del periodismo, de la información con rigor y contrastada, porque quizá lo encontremos detrás de alguna @ que ahora viene dando palmaditas en la espalda a los periodistas, en actitud cínica, mientras engorda sus negocios en la Red. Es obvio que también se sentirían tremendamente felices aquellos que ejercen el poder público desde la opacidad.

Quizá no sea políticamente correcto decir que tenemos una parte de la sociedad civil tremendamente egoísta, insolidaria, frente a los medios de comunicación, que no valora el trabajo de los profesionales, pero que se considera con autoridad para exigir lo que hay que publicar, muchas veces por intereses particulares y otras, simplemente, por gozar de su ansiado minuto de gloria. Esta práctica ha sido ejercida, incluso, desde las tribunas con oradores de supuesto ropaje virginal democrático. Quienes sufren este constante aliento ajeno en el cogote, por la proximidad, como quienes trabajan en pequeñas redacciones de medios provinciales y regionales, saben muy bien lo que supone la presión local, no ya de los poderes sino de los individuos.

Efectivamente que podemos hablar de periodistas sin escrúpulos que cobran cantidades millonarias gestionando contenedores de información y publicidad, a la vez gentes que levantan el estandarte de su profesión para dar credibilidad al producto que anuncian y comentaristas que se pelean en programas de televisión. ¿Y los dueños de algunos medios, son ajenos a esto? No, son los que lo consienten, al menos, quienes buscan el dinero fácil en espacios televisivos de entretenimiento, no de periodismo, o los que ven el negocio en algunos escándalos y utilizan las redacciones para mejorar la cuenta de resultados en empresas diferentes a la comunicación ¿Y aquellos ciudadanos del todo gratis?... Pero, eso sí, con calidad, al ser posible relatado por un corresponsal desplazado al lugar de los hechos, que utilice diferentes fuentes y que lo transmita sin demora; además que luego no se enfade, no ya porque no le paguen los derechos, sino porque ni siquiera le citen en los blogs donde se luzca el texto robado. Se quedan con estar informados al minuto, pese a que lo que acaban de ver se les va olvidando en un instante, como plasmó El Roto en una de sus viñetas en El País.

El profesor Manuel Núñez Encabo, presidente de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) –convertida ahora en fundación para hacerla más efectiva y resolutiva- , acostumbra en hacer hincapié en la responsabilidad de los editores en esa tan traída ausencia de ética, mientras subraya que desde la calidad y el compromiso social también hay rentabilidad.

Pero mientras que se libran todas estas batallas en las alturas, muchos metros más abajo, sobre el terreno, hay miles y miles de periodistas que trabajan honradamente en el oficio que han elegido, una profesión apasionante a la que le echan horas y horas y de la que, la mayoría, han hecho su forma de vida. Percibiendo un salario muy por debajo de lo que deberían y enfrentándose a los intereses de aquellos que le pagan o de los que les increpan en la calle, que no son todas las veces estrictamente informativos. A todos ellos no se les puede arrojar encima la carga del problema cuando, incluso, anteponen la profesionalidad a la supervivencia.

Los ciudadanos tienen más información que nunca, y la consumen cada vez más barata; los medios se han abierto en canal ante ellos y sus opiniones, pero sin encontrar un futuro en el que desarrollarse, y los profesionales se siguen castigando hasta rozar el suicidio colectivo. Vamos a pararlo entre todos sabiendo que, por fortuna, no hay obligación de llevarse un periódico concreto en un kiosco o de sintonizar un emisora determinada; que los tribunales ordinarios paran los excesos, que la comisión profesional de quejas de la FAPE se refuerza y que al futuro consejo audiovisual le tocará cargar con las basuras de las televisiones, hoy por hoy culpables de la imagen de un oficio digno, poco reconocido, sí, pero necesario; generalmente de emprendedores, de enemigos de la burocracia y del poder que, de nobles, se consumen en la autoacusación, creyendo que son el problema #sinperiodistasnohayperiodismo

Con final a cuatro manos, con la aportación de Enrique Meneses:

1.- Existe una plétora de licenciados en periodismo, muchos de los cuales entraron sin vocación alguna, solo porque su nota de selectividad no les permitía estudiar otra cosa.


2.- Las nuevas tecnologías destruyen actividades periodísticas obsoletas. No se puede permitir el costo inaguantable del corresponsal permanente, por ejemplo y es más económico el enviado especial con experiencia en el área que ha de cubrir.. Se ha facilitado la existencia de un medio a nivel de pequeña población. Dos jóvenes pueden vivir de su periódico, radio o televisión digitales con publicidad local que les permite vivir holgadamente en el lugar que hayan elegido.

3.- Me produce dentera el ruido continuo de lamentaciones conmovedoras pero incapaces de crear nada. La forma de pensar los nuevos medios no puede ser la misma de siempre o lo que se consideró "siempre". En el orígen de todos los medios de comunicación, siempre hubo un impulso de emprendedor altruista que, con frecuencia, caía en manos de bancos, políticos o publicitarios. Yo creo que deberían convocarse unos Estados Generales de la profesión y la industria de la información. Todo debe solucionarse con la voluntad de conseguirlo de todas las partes, sin enfrentamientos gremiales o sindicalizantes.

4.- Hay que redimensionar la empresa al igual que la gente debe pensar que no se vive mejor por ganar más. Sin medios se puede crear. ¿Cual fue la inversión de un futbolista para llegar a ser un Ronaldo, un Messi o un Higuaín?

miércoles 25 de mayo de 2011

De tsunami y puñaladas

Hay espacios de realidad mientras que tratamos de construir partes de un mundo idealizado, con la salvedad de que está habitado por seres humanos, con sus imperfecciones y sus aciertos. “¡Ay! Utopía,/cómo te quiero/porque les alborotas el gallinero”, que recita Serrat.
En estos días el cielo es el barrio de las gaviotas, hasta impedir el paso de la luz con su aleteo, que ha terminado por marchitar las rosas. En sintonía con la metáfora, un utópico Óscar López ha aparecido abatido después de abrirse las urnas y comprobar que se hacía añicos su ilusión. Una cosa es salir sabiendo que se pierde y otra que la goleada sea mayúscula y que el contrincante no te deje ni espacio para el aliento.
Comenzó madrugando, alegre –sentimiento contrario al que vivieron algunos periodistas llamados a ser testigos del directo al alba-, hasta que, con miles de kilómetros a sus espaldas -5.000 en las últimas dos semanas-, incluidos los que realizó en bicicleta, percibió el miedo escénico, ese estado inhibitorio que reduce la efectividad comunicacional, horas antes de la fecha marcada para la llamada fiesta de la democracia, mientras esperaba al ministro Ramón Jáuregui, para subirse por última vez a la tribuna en esta campaña.
Y eso que el donostiarra, político de construido discurso y moderado tono, había ocupado la cabeza del cartel, sustituyendo a quien debería de haber sido la figura ese día, el vicepresidente Manuel Chaves, cuya presencia fue desaconsejada por los sabios de las estrategias electorales. Su calor y amistad –trabada también en Riaza- no fueron suficientes para mitigar el desasosiego del electo jefe de la oposición en la Comunidad.
Los sistemas de autodefensa orgánica son más proclives a salir de las crisis que a digerir el éxito.
Y menos mal que el aún alcalde Pedro Arahuetes –favorito en las quinielas, mientras el histórico de la unida izquierda Luis Peñalosa tiene el bolígrafo con el que se rellenarán las casillas, porque queda aún el recuento de una urna de las que dicen que salen gatos- ha salvado la barraca del tsumani, cuya fuerza tiene aún consecuencias devastadoras e impredecibles, aunque el horizonte electoral se sitúe en marzo del año próximo. Lo único que marcan las previsiones es que no llega la onda expansiva a la plácida playa donde colocó la hamaca el reposado heredero del poder, con habano, que aplicó la sabiduría popular de que mejor es estar callado que meter la pata. De propuestas, por supuesto, ni hablamos, que el silencio triunfe. Yendo a negro... Cuando no se cumplen las expectativas, los ciudadanos caen en la decepción, pero cuando ya parten desilusionados se aventura el caos.
Así las cosas, volviendo a lo del recuento, noche de mieles para unos y de hieles para otros, incluso en el mismo escenario, que la cara del aspirante del PP a la Alcaldía de Segovia Jesús Postigo, desencajada, no guardaba sintonía con la de su compañera Silvia Clemente, de sonrisa amplia, cuya lista consiguió hasta el apoyo no imaginado. Más bien el retrato del empresario que terminó en la política se había dibujado con los mismos trazos que los del dirigente socialista local Juan Luis Gordo, cabizbajo y triste.
Aunque lo más duro siempre viene de casa, de la viperina compañera de retorcidos colmillos, como puñalada hiriente que traspasa el alma, cuando los de dentro ayudan a empujar al de al lado, simulando que le sujetan, para evitar su caída.
Visto todo así, mejor quedarse flotando en las nubes, cada uno con la sustancia que estime conveniente, o sin ella, que también hace efecto; con la imaginación al poder o el poder de imaginar; soñando despierto, dormido pero vigilante; humano, tierno, solidario… Porque, igual que Benedetti, “cómo voy a creer/dijo el fulano/que el universo es una ruina/aunque lo sea/o que la muerte es el silencio/aunque lo sea”. Si viene la policía, sacad las uvas y disimulad.

martes 17 de mayo de 2011

Control a los medios

No es nuevo el intento del poder y de los políticos por controlar los medios de comunicación y de limitar el ejercicio del periodismo, pero sí que resulta extraordinariamente insólito es que ese ansia crezca a medida que avanzan las libertades, teóricamente, y que se va tomando experiencia en la práctica democrática.
Viene esto a cuento, al margen de que nos encontramos aún en la campaña electoral, de la manía que invade a muchos representantes públicos e, incluso, deportivos o empresariales y banqueros, de comparecer en hipotéticas ruedas de prensa sin preguntas, es decir sin que el informador pueda conocer de la mano del protagonista algunos aspectos que éste se niega a revelar con la lectura de una mera declaración con la que despacha a la prensa.
Esta práctica de ruedas de prensa sin preguntas y otras anomalías informativas ha movido al colectivo profesional a denunciar los intentos de manipulación de la información y de presión sobre su trabajo profesional, protagonizado desde distintos estamentos, especialmente desde los partidos políticos.
La movilización cuenta ya con 10.000 apoyos, entre los que se encuentran 60 medios de comunicación y 70 organizaciones de diferente tipo, en contra de los impedimentos que se están colocando a la información, con constantes restricciones.
Pero no son sólo esas comparecencias propagandísticas donde no se da pie a que alguien se interese por saber algo que no debe, que en realidad actúa de intermediario y de portavoz de los ciudadanos de la calle, para ofrecer una información veraz y contrastada, sino otras prácticas, como ofrecer señal única de mítines y actos electorales o intentos de presión y veto a medios, las que están deteriorando el ejercicio profesional y con ello el derecho de los ciudadanos a la información.
Por si fuera poco, han sido los partidos políticos quienes, en consenso, han decidido que en campaña deben de seguirse criterios de proporcionalidad a la hora de informar de actividades políticas, con arreglo a la representación, en vez de que todo se rija por el interés informativo. Y no estamos hablando de los medios públicos, sino de las cadenas de televisión privadas. Esto termina convirtiendo a las juntas electorales en editores, en un choque frontal con la Ley Audiovisual que ya no considera la televisión como servicio público esencial. Total, que muchas veces, habría que advertir en los contenidos informativos de los partidos que en realidad de lo que se trata no es otra cosa que un publirreportaje.

lunes 18 de abril de 2011

Sin identidad, no hay derechos


Las tecnologías digitales han supuesto una revolución en el panorama de los medios de comunicación, no sólo en el campo de la globalización, la inmediatez o la economía, sino porque permiten la participación del lector, el intercambio de opiniones, lo que es muy saludable en cuanto a la democratización de la información, dando posibilidad al lector de interactuar; acabando con la posición monolítica del medio y de quien escribe.
Sin embargo, bajo el paraguas de esa inocente participación, los medios de comunicación digitales vienen amparando opiniones anónimas o con seudónimos de lectores que, en ocasiones, daña la imagen o el honor de terceros, quedando totalmente impunes, incluso a cambio de conseguir más visitas.
Mientras que los medios de comunicación han sido extraordinariamente escrupulosos a la hora de publicar lo que se ha denominado tradicionalmente “cartas al director”, solicitando los datos de quienes las escriben, desde nombre y apellidos, hasta DNI, domicilio y teléfono, generalmente vienen manteniendo un comportamiento bastante permisivo en cuanto a la publicación de estos comentarios, a veces automáticos, sin pararse a recoger los datos del comunicante y, sobre todo sin comprobarlos.
Es cierto que vencer la velocidad que proporciona la técnica es imposible pero, si resulta complejo identificar a todos los lectores que realizan comentarios, y no es posible ni lograr un correo electrónico fiable, al menos deberían de moderarse antes de su publicación, para que no salieran a la luz informaciones que pudieran estar dañando derechos de otros ciudadanos.
Esta participación no sólo se lleva a cabo en los comentarios que se incluyen debajo de algunas noticias u opiniones sino que también se está extendiendo a las redes sociales donde los medios trasladan sus debates para, de forma legítima, obtener más lectores en la Red.
Ahí también se registra a veces cierta anormalidad, aunque menor que en los comentarios, por la existencia de perfiles falsos de los intervinientes o suplantaciones de personalidad.
Los mismos casos se dan en el llamado “periodismo ciudadano” donde algunas publicaciones lanzan a Internet denuncias o quejas de vecinos que deberían de comprobarse porque, no se ha dado el primer caso, puede tratarse de opiniones interesadas con intención de perjudicar a terceros.
Esta perversión del sistema y el abuso de confianza de quien abre sus canales a la participación debe de ser corregida por los medios, obligados a comprobar la veracidad de las informaciones, para garantizar los derechos de los ciudadanos que podrían verse afectados con determinados anónimos. En todo caso quien parece que no tiene derechos es aquella persona que carece de identidad, anónima, o suplantando a otra.