viernes 17 de julio de 2009

Hamaca


Ha llegado la hora de marcharse, de descansar, de colocar la hamaca frente al Atlántico y ponerle distancia al agobio local, a esta Seagobia del slogan friki empleado para definir lo cerca que a veces se siente en la nuca la respiración de otros. Quizá no sea la canción del verano, pero Bebe afina mucho en una de las letras de su nuevo álbum Y Punto: "Aprendí a escuchar la noche, no pienso enterrar mis dolores. Pa'que duelan menos voy a sacarlos de dentro cerca del mar, pa'que se los lleve el viento (...) Hoy pa'mi la burra grande, ande, que ande o no ande, que la quiero pa'dar coces a quien me importune este cante. Que tengo yo en mi soledad cientos de canciones tarareás, empezás e inacabás, a punto, a punto, a punto de estallar..." Se ha cumplido un ciclo, que dirían los expertos en economía. Volviendo a los textos de la cantautora y actriz, y con el permiso de la autoridad competente, como en los toros "no sé cuando volveré, no sé dónde llegaré, no sé qué me encontraré, ni me importa... no, no sé cuándo volveré". Saludos a todos los personajes que han pasado por esta viñeta que, como anunció en su nacimiento, igual que el arte, ha podido ser conceptual, abstracta, minimalista..., hasta alternativa, a veces incomprendida, que el lenguaje se ha empleado como un pincel deslizándose sobre un lienzo, dirigido suavemente por la mano de un artista, en conexión directa con su cerebro y su corazón, mientras se le iluminan los sentimientos con los colores del cielo, tratando de encajar en el paisaje la jaula de oro –con algún pájaro dentro–. Ciao que, como explica la restauradora italiana Camila Cantarini –asumió el apellido porque en el colegio rebosaba alegría y felicidad, ahora también– se puede emplear para decir hola y adiós, elijan la palabra que más les apetezca, aunque puede que dejemos de vernos por algún tiempo. Si hay vuelta, quizá el formato sea distinto, que con las nuevas temporadas, como en la televisión, se cambian los contenidos. En un debate televisivo, el que fue director de El País, Juan Luis Cebrián –en el próximo Hay Festival– trataba de explicarle al responsable El Alcázar, Antonio Izquierdo, que en su proyecto cabían todos los españoles, pero en el del responsable del diario ultraderechista, sólo una parte. Pues eso, que no haya barreras para la convivencia. ¡Ciao y buen verano!


sábado 11 de julio de 2009

Cremallera

Hay miembros del PP de Segovia que sólo aspiran un callar voces críticas, cuando lo que ocurre es que sufren la aversión creada por ellos mismos. En treinta años de democracia nunca había existido tanta tensión entre algunos colectivos y políticos, ni siquiera cuando sacaban las cadenas los cachorros de la ultraderecha -se les veía venir-, que en la etapa actual de los populares segovianos, que preside Francisco Vázquez, con algunos de sus colaboradores, asesores y cargos un dedo. Tienen un denominador común y es que todos cobran de fondos públicos y que lanzan sus flechas contra personas del ámbito privado porque les incomoda lo que dicen. Hay que sembrar cizaña y difamar con tal de acallar las voces disonantes, aplastarlas. La culpa es de terceros si los servicios de la Cámara de Comercio cargan contra el gobierno del alcalde Pedro Arahuetes, acusándole de no apoyar una infraestructura, cuya petición acababa de votar a favor días antes. La realidad frustró el titular. Si se le va la lengua al presidente de Caja Segovia, Atilano Soto, y dice que, en dos o tres meses, contarán con informes para que los consejos de administración puedan tomar un acuerdo de integración con Caja Ávila, es culpa del receptor, no de quien transmitió y luego se quiso echar atrás, una vez que le tiraron de las orejas. Y si supuestamente el secretario provincial del PP, Miguel Ángel de Vicente, comenta uno diputados socialistas que su jefe Juan Luis Gordo no se mete el dedo en la llaga al diputado Jesús Merino, cuando está imputado en el caso Gürtel junto con el tesorero de los populares , Luis Bárcenas, pues también hay que achacárselo al mensajero, pese a que recoja que el interesado lo niega. Que los envidiosos se alimentan de calumnias, disfrutan lacerando, azotando corazones anchos, que nunca perdonarán que se les perdone ni que se les ame. Lo correcto es echar la cremallera, dejarse llevar por los gabinetes, obedecer a los mercenarios del mensaje único y aplaudir cómo lo hacen de bien los responsables de la televisión popular, que preside su señoría Javier Gómez, que consigue grandes contratos del Metro de Madrid, para promocionar el Suburbano en la ciudad del Acueducto, y no a estos "mataos" que parece que gritan cuando se les asfixia. Pero hay quien ahoga su garganta con la rabia y no dan amor, lo exige.

viernes 3 de julio de 2009

Santos

Poca gracia e ingenio irradia la portavoz municipal de los populares, Beatriz Escudero, cuando quiere elevar a los altares como "mártir segoviano" a "San Contribuyente", el 1 de julio, porque es cuando ha entrado en vigor la zona verde de aparcamiento. Decir esto no avala la pésima política de tráfico del equipo del alcalde Pedro Arahuetes, más agravada en el recinto histórico. Lo menos que se puede pedir a un político que habla de los temas relacionados con el ciudadano y su bolsillo es algo más de rigor, no matraca, que ya cansa, que no vemos al nuevo jefe del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz Roldán, gastándo la bromita de decir que el santo de los espías es San Conery; o a Iñaky Gabilondo hablar de Simón Templar como el santo de la televisión o recurrir a San vero, como santo de los mentirosos. De eso, de engaño, trató casi en exclusiva el último comité de dirección del PP de Segovia, que preside Francisco Vázquez, para tratar de convencer a los asistentes que el secretario general de los socialistas, Juan Luis Gordo, había mentido cuando dijo que su homólogo en el PP, Miguel Ángel de Vicente, lamentó ante un grupo de diputados provinciales que el PSOE no le metiera el dedo en la llaga al parlamentario Jesús Merino, ahora que podía, debido a su posible vinculación con el caso Gürtel. Se ignora si todas las explicaciones –hay quien sostiene que el ser humano tarda más mintiendo que diciendo la verdad– llegaron a convencer a la concurrencia de que todo esto es cosa del dirigente socialista para tratar de dividir, argumentando que también había criticado a la consejera Silvia Clemente, por estar de campaña permanente antes de las europeas. Dice un veterano militante conservador que a quien puede ofender esa afirmación es a quien se atribuye el éxito electoral, a ver si es que se descubre que trabajó menos de lo que presume… Hace pocos días, un periódico nacional recogía las impresiones sobre Merino de muchos diputados de su grupo y concluía: Sólo en Segovia dicen que no despierta "muchas simpatías" porque ha tenido sus más y sus menos en el partido. Y es que, aunque no brille por su cortesía parlamentaria, es mejor la sinceridad de Vicente Martínez Pujalte que pide dimisiones, sin rodeos, sin esconderse. Hay que dar la cara. “Del santo me espanto, del pillo no tanto”, dice el refrán.



jueves 25 de junio de 2009

Limoneros




Los limoneros del escritor Ramón Ayerra no son los de Las Alpujarras que tanto éxito han dado a Chris Stewart, habitual en las citas del Hay Festival, inmerso ya en plena programación, entre el 24 y el 27 de septiembre próximos. Habrá referencias al naturalista Charles Darwin, se hablará del muro de Berlín –cuando se cumplen veinte años de su caída y sesenta de la creación la república federal– o se rendirá homenaje a Mario Benedetti, ahora repartido "en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen", como recogió en su poema Chau número tres. El escritor estrechamente vinculado con Segovia, experto como nadie en literatura de viaje y autor de novelas finalistas del Planeta, regresa a sus orígenes, a la poesía, como recuerda su amigo Antonio Madrigal, hijo de la de la revista más audaz para el lector más inteligente, criado a los pechos de Antonio Lara Tono, humorista vigente y abstracto adrede. Ayerra ya trabajó el texto poético en Pequeñas cuestiones, en 1973, y vuelve a raíz de permanecer un tiempo en Sicilia, inmerso en lo que define como el grito inmenso de los limoneros, agrios y chillones, pregonando el júbilo de su piel preciosa, donde la tierra se convierte en alarido. Con la expresión del sentimiento que nace puro –le llaman poesía– el juego con las palabras o ese sabio empleo de las que le sirven para construir un ambiente distendido o de las que van describiendo el paisaje elegido, en el golfo de Maxos, bajo los limoneros, en el Capo Taormina. Así ha ido trabajándose Ayerra su librito de poemas en el que también hay un palacete y, como si fuera cine, se pueden ver a la bambina Rosalía Lombardi, que reposa, embalsamada y bellísima, y los felices recreos del arzobispo de Siracusa o los últimos instantes de Emanuele Raguso, del Cuerpo de carabineros, destinado en Catania. Ayerra sigue afinando con el lenguaje, marcando bien, como director de orquetas con cada uno de los movimientos, profundos y suaves, pero sin olvidar el grito: "'Ti amo Palermo'/canta un rótulo en un muro/ 'morte al fascio'/ canta otro en la pared vecina/son mensajes breves/y contundentes/avisos de que las ideas/y las emociones/sobreviven a la incuria/a los desmanes del tiempo/a los solares/ bien abastecidos de desechos/y de perros flacos/y nerviosos/trabajándose el sustento/hurga que te hurga/en la basura…" .

viernes 19 de junio de 2009

Noticia

El escritor y periodista José García Abad define la palabra noticia como el momento en que "hay alguien que no quiere que algo se publique". De hecho es el título del primer capítulo de su novela Sobra un rey, donde los protagonistas son los cronistas Jaime de Garcillán y Alonso de Torrelaguna, personajes de ficción, aunque el marco político, religioso, cultural y social en que se mueven es muy riguroso, a comienzos del siglo XVI, tras la muerte de Isabel la Católica, cuando Fernando, el viejo zorro que sirvió de inspiración a Maquiavelo, y su yerno, Felipe el Hermoso, inician una lucha feroz por el trono de Castilla. Hay cosas que no han cambiado, pese a haber pasado más de quinientos años, hasta el problema de la inmigración –actitudes racistas, antes vinculadas al hecho de la asimilación de los moriscos tras la conquista de Granada– y las polémicas en torno a las autonomías; pero está claro que hay fricción cuando la pluma hace de espada. Pueden preguntar a los fotógrafos de prensa que cubrían una manifestación de celadores del Hospital General, que fueron obligados a retirarse por orden del gerente del complejo, Juan Carlos Risueño, quien reconoce la palabra información pero sólo cuando a él le interesa. Es normal habitual que la política se haga a través de un cuidado exquisito de la imagen –antes con obras de notoriedad y ahora a través de los medios–. Y se saca partido hasta de Internet –esto sí que no existía hace cinco siglos– cuando hay quien se aprovecha de un hipotético ataque a su página web, para compararse, nada menos, que con La Moncloa y la Casa Blanca. ¡Espectacular! Encajaban ahora las palabras de Alfonso Guerra el día en que varios democristianos de Segovia denunciaron escuchas ilegales, a lo que con su gracejo sevillano respondió: "como no sea para enterarnos de la hora en que rezan el rosario en familia". Otro punto en común con el medievo, como reconoce García Abad: la Iglesia sigue mandando lo mismo, mientras que la nobleza perdió poder, que ha pasado a los aristócratas del dinero. ¿Y cómo se podrá explicar en el futuro lo de la prohibición del paso bajo el acueducto del ecobús porque alguien calentó la cabeza al presidente de Castilla –y León– Juan Vicente Herrera y quiso dar una patada al alcalde, Pedro Arahuetes, en el culo de los segovianos?. Que luego pasa a la historia.

jueves 11 de junio de 2009

Luna

"¡Sin Segovia no futuro!", exclamaba entusiasmado un ciudadano marroquí ante las cámaras del plató que instaló en el Teatro Juan Bravo la Universidad de Valladolid –en pleno contacto con la sociedad, como le gusta afirmar, apasionado, al catedrático Agustín García Matilla–, que formó parte de las actividades de la Noche de Luna Llena, la de luz apacible y desmayada, que cantara Gustavo Adolfo Bécquer. Acertó en la programación la oficina de la candidatura de capital europea de la cultura en 2016, que dirige Nuria Preciado, porque trata de englobar proyectos que están tejidos por los agentes culturales de la ciudad y que dan la posibilidad de participar a la gente de la calle, como actores o como espectadores, fuera del entorno institucional enloquecido por la pelea partidista. Si entre tanta competencia, incluso apoyada por los más famosos banqueros, como Emilio Botín, esta aspiración termina enderezada hacia la realidad será porque lo quieren los ciudadanos, son la base. El resto es artificial, que siempre hay alguien que tratará de rentabilizarlo políticamente del mismo modo que, otros, como vienen demostrando, querrán echarlo por la borda. Es un asunto de cortedad de miras. De momento ha quedado demostrado que los segovianos entienden y participan cada vez con mayor entusiasmo, no viene mal un poquito de autoestima en esta tierra de cainitas, además de darles oportunidad de sacudirse el polvo de exceso de localismo –donde no hacen falta himnos para reconocerse–. Desde las voces críticas: "Sin Segovia no hay cultura bajo cero" a las más ingenuas e infantiles: "Sin Segovia no habría chuches", el caso es que este espacio de reflexión, laboratorio y apuesta, en el que el ciudadano es el centro de la programación, presenta una posibilidad innovadora de implicación de la sociedad en su propia cultura, que debe tener vocación de permanencia. Todo en "la ciudad más deliciosa del mundo", que definió Alicia Ríos, experta en creaciones de urbanofagia, donde quedó indultada la Vera Cruz, pese a que estaba hecha de mazapán, quizá fue la carga de esoterismo, pero de eso entiende más el artista José María Pérez de Cossío. Aunque sea construyendo un astro imaginario, una vez al año, hay que alejarse de la sentencia del filósofo Confucio: "La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas".

viernes 5 de junio de 2009

Bote

Sabio mensaje el que lanzó el escritor y periodista Manu Leguineche, sobre su silla de ruedas, en conversación con el actor Carmelo Gómez: "He terminado aquí sentado, para demostrar que las guerras se pierden siempre". Merecido homenaje de los corresponsales a este viajero sabio, reportero de ida y vuelta, con el que se fotografiaron miembros de la "tribu" de varias generaciones, desde quien había cubierto Vietnam a los recién llegados de Somalia, como apuntaba Guillermo Altares. El problema no es perder las guerras sino dejar la piel en las que han comenzado otros, con la suficiente habilidad, también cinismo, como para tratar de convencer al resto de que nada tuvieron que ver en el incendio del polvorín. Es la propia vida, donde tienen cabida todos, hasta los indeseables. Emocionante la humanidad del veterano cronista y la lista de amigos que logró movilizar –algunos volando miles de kilómetros–, para un instante, el que dura un abrazo. Es tan simple, que sólo con ese gesto se pueden acabar los conflictos, aunque será más difícil para aquellos que comiencen por estar en guerra consigo mismos. No andan cerca del acuerdo los responsables de las Cajas de Ahorros de Segovia y Ávila, que se han sentado para fijar una estrategia en defensa de los intereses de las entidades más pequeñas, de cara a un proceso de integración regional. La vecindad es cruel, es donde se registran los mayores enfrentamientos, por esa sensación que se tiene de que el otro quiere ganar parte del terreno, de estar siempre vigilado, acosado. Las guerras de las que habla Leguineche no son sólo las de los helicópteros y los carros de combate del cine de Francis Ford Coppola, sino las que se libran entre trincheras imaginarias, en el mismo entorno. También se pierden, es difícil defenderse de la cobardía del enemigo, de quien, viéndose perdedor, ataca por la espalda por ambición y egoísmo desmedidos. Esto es lo que hay. La verdad es que no existen muchos alrededor que se preocupen por hacernos más felices, aún trabajando en la causa del servicio público, es decir cobrando de lo que pagan los ciudadanos, que hablan de aviones y escoltas cuando quieren decir Europa. Y hoy vote, con v, pero también con b, este domingo bote de 11.800.000 euros en El Gordo de La Primitiva. Para ir más contento a la guerra… ¡Y perderla de nuevo!



 
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