Hay cierta sensación de que estamos volviendo treinta años atrás cuando Segovia le hacía el caldo gordo a los leonesistas tratando de romper el mapa del Estado autonómico, porque se apostaba por la uniprovincialidad y se aspiraba a subirla al altar con Madrid, vestida de novia, a los sones de la dulzaina y el tamboril, iconos de la comunidad de ciudad y tierra que llegó a tener los xesmos de Tajuña, Manzanares y Valdemoro.
Entonces había argumentos de todo tipo, parte hasta comprensibles, pero principalmente subyacía cierta ansia de poder de quienes, adaptados a la democracia, algunos a la fuerza pero no por convencimiento, no renunciaban a seguir mandando en sus círculos de toda la vida, recurriendo al viejo dicho de “más vale cabeza de ratón que cola de león”. Frase que en una barra de un bar queda bien encajada entre cuatro chatos, pero que sólo refleja un mundo de pesimistas y grises conservadores, empeñados en mantener sus prebendas y su situación predominante sobre los demás, paternalista, sin méritos y sin ni siquiera presentar un atisbo de sincera generosidad hacia los demás.
Quizá la configuración del mapa territorial español haya sido la asignatura de la transición sacada adelante con un aprobado raspado, pero es evidente que el modelo está cerrado y sin intenciones de cambio por quienes tienen la responsabilidad constitucional de ejercer la política.
Sin embargo, la situación creada en torno a las Cajas de ahorro vuelve a sacar a la luz un determinado comportamiento “microautonomista” que nos hace regresar en el tiempo y añorar otra vez a la Comunidad vecina de la lideresa Esperanza Aguirre, en unos casos, auspiciado curiosamente por quienes tardan poco en fotografiarse con el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, a cuyo partido deben el lugar que ocupan y del que cobran su sueldo, pero que se sirven de cierto comportamiento pusilánime del dirigente político.
Al Gobierno regional le ha salido mal la estrategia de las Cajas, también a la oposición socialista, que no han sido capaces de convencer a los suyos sobre el proyecto –respaldado por el Banco de España- de crear un núcleo financiero fuerte, aunque fuera a través de un Sistema Institucional de Protección (SIP) –conservando marca y mercado tradicional pero operando en conjunto fuera-. Con un matrimonio sin consolidar del todo entre Caja España y Caja Duero, una fuga de Caja Burgos a la Banca Cívica que dejó a la puerta de la iglesia a Caja Segovia, y una desorientación total entre las pequeñas, capaces de cambiar de autonomía, al Ejecutivo de Herrera sólo le queda la carta de vetar procesos de fusión o integración SIP interregionales con entidades de fuera de la Comunidad. Es un signo de fracaso político.
En Segovia vuelve el síndrome por estar cerca de Madrid –se desea con pasión en algún sector del PP provincial- y se habla de una aproximación a la gran Caja del oso y el madroño, encantada por su parte de tener en sus fauces a la pequeña entidad que preside Atilano Soto, ansiosa de territorio, pero sobrada de plantilla. Lo defienden los patriotas que no votaban a favor del SIP entre Cajas de Castilla y León porque se perdía personalidad y decisión en el reparto de la obra social, según sus argumentos. Ahora también; y más…
De momento Caja Segovia anda perdida, sin pareja y huerfanita, pero con prisa por hacer algo, a cinco meses de que sea nombrado nuevo presidente o presidenta, dependiendo de la fuerza de la Federación de las Mujeres Rurales y si llegan a un acuerdo con la rama de los populares que quiere elevar al sillón principal del consejo de administración a Javier Santamaría, presidente de la Diputación, institución de donde, por la experiencia vivida, parten las iniciativas uniprovinciales. Quizá quien llegue no dura un año porque se modificará la Ley de Cajas y se cambiará el perfil. Eso siempre que no triunfe el Estado independiente de Segovia, claro. Que dios pille a todos confesados, hasta a los agnósticos
sábado 23 de enero de 2010
viernes 15 de enero de 2010
El secreto de la inmortalidad
Posiblemente, el Acueducto guarde el secreto de la inmortalidad, aquel que buscaba don Pablo, protagonista de la obra que le dedicó Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) y en el que Francisco Ayala (1906-2009) encontró algunas miradas nuevas clavadas, trémulas, como flechas en la carne del monumento… Aquel personaje del autor de las greguerías lo tuvo descuidado, pese a que un interlocutor en un texto de Ayala en El Imparcial –que recogía El Adelantado, en 1926– se jactaba de que "el Acueducto está como un San Sebastián [soldado de Diocleciano, protector contra la peste], y eso que casi todas las miradas se escapan por sus balcones sin herirle". Descuidado o no, herido o no, abrazado y besado, odiado a escondidas en los corrillos del falso desarrollismo, paradójicamente está más viejo por sus últimos 125 años – cuando fue declarado monumento nacional–, que por los más de 1.800 anteriores, si lo situamos en la época de Vespasiano. A esta singular y única obra de ingeniería romana le afecta una patología por encima del mal de la piedra u otros procesos de deterioro: el de la política. Que ha tenido que ser en unas jornadas promovidas por el ex-director de Patrimonio Cultural del Consejo de Europa, José María Ballester, para advertirnos, a estas alturas, de la necesidad de una acción conjugada y estrecha de las administraciones. Unos por otros, la casa sin barrer, y los ciudadanos lloramos por no poder llorar, que decía el último representante de la generación del 27. Es posible que las instituciones cumplan con su obligación de coordinarse y salga adelante un plan de gestión, como le ha confesado recientemente el director de Patrimonio, Enrique Saíz, a la concejala Claudia de Santos. Aunque por camino más lento que Ávila y Salamanca, hay optimismo en el consistorio, que lo importante es empezar. Queda la duda de si, por ganar elecciones, alguien hasta preferiría ver cumplido el texto de Ayala : “El día en que dios o algún titán pulse sus cuerdas [de arpa de piedra] ágiles y flexibles, toda la naturaleza será conmovida, y revelará su secreto definitivamente. No se puede pensar sin un estremecimiento en la formidable vibración. Aletearán los pajarracos de los capiteles góticos, y las gárgolas de la catedral extremarán su mueca de dolor, o su gesto de estar vomitando”.
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viernes 17 de julio de 2009
Hamaca

Ha llegado la hora de marcharse, de descansar, de colocar la hamaca frente al Atlántico y ponerle distancia al agobio local, a esta Seagobia del slogan friki empleado para definir lo cerca que a veces se siente en la nuca la respiración de otros. Quizá no sea la canción del verano, pero Bebe afina mucho en una de las letras de su nuevo álbum Y Punto: "Aprendí a escuchar la noche, no pienso enterrar mis dolores. Pa'que duelan menos voy a sacarlos de dentro cerca del mar, pa'que se los lleve el viento (...) Hoy pa'mi la burra grande, ande, que ande o no ande, que la quiero pa'dar coces a quien me importune este cante. Que tengo yo en mi soledad cientos de canciones tarareás, empezás e inacabás, a punto, a punto, a punto de estallar..." Se ha cumplido un ciclo, que dirían los expertos en economía. Volviendo a los textos de la cantautora y actriz, y con el permiso de la autoridad competente, como en los toros "no sé cuando volveré, no sé dónde llegaré, no sé qué me encontraré, ni me importa... no, no sé cuándo volveré". Saludos a todos los personajes que han pasado por esta viñeta que, como anunció en su nacimiento, igual que el arte, ha podido ser conceptual, abstracta, minimalista..., hasta alternativa, a veces incomprendida, que el lenguaje se ha empleado como un pincel deslizándose sobre un lienzo, dirigido suavemente por la mano de un artista, en conexión directa con su cerebro y su corazón, mientras se le iluminan los sentimientos con los colores del cielo, tratando de encajar en el paisaje la jaula de oro –con algún pájaro dentro–. Ciao que, como explica la restauradora italiana Camila Cantarini –asumió el apellido porque en el colegio rebosaba alegría y felicidad, ahora también– se puede emplear para decir hola y adiós, elijan la palabra que más les apetezca, aunque puede que dejemos de vernos por algún tiempo. Si hay vuelta, quizá el formato sea distinto, que con las nuevas temporadas, como en la televisión, se cambian los contenidos. En un debate televisivo, el que fue director de El País, Juan Luis Cebrián –en el próximo Hay Festival– trataba de explicarle al responsable El Alcázar, Antonio Izquierdo, que en su proyecto cabían todos los españoles, pero en el del responsable del diario ultraderechista, sólo una parte. Pues eso, que no haya barreras para la convivencia. ¡Ciao y buen verano!
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sábado 11 de julio de 2009
Cremallera
Hay miembros del PP de Segovia que sólo aspiran un callar voces críticas, cuando lo que ocurre es que sufren la aversión creada por ellos mismos. En treinta años de democracia nunca había existido tanta tensión entre algunos colectivos y políticos, ni siquiera cuando sacaban las cadenas los cachorros de la ultraderecha -se les veía venir-, que en la etapa actual de los populares segovianos, que preside Francisco Vázquez, con algunos de sus colaboradores, asesores y cargos un dedo. Tienen un denominador común y es que todos cobran de fondos públicos y que lanzan sus flechas contra personas del ámbito privado porque les incomoda lo que dicen. Hay que sembrar cizaña y difamar con tal de acallar las voces disonantes, aplastarlas. La culpa es de terceros si los servicios de la Cámara de Comercio cargan contra el gobierno del alcalde Pedro Arahuetes, acusándole de no apoyar una infraestructura, cuya petición acababa de votar a favor días antes. La realidad frustró el titular. Si se le va la lengua al presidente de Caja Segovia, Atilano Soto, y dice que, en dos o tres meses, contarán con informes para que los consejos de administración puedan tomar un acuerdo de integración con Caja Ávila, es culpa del receptor, no de quien transmitió y luego se quiso echar atrás, una vez que le tiraron de las orejas. Y si supuestamente el secretario provincial del PP, Miguel Ángel de Vicente, comenta uno diputados socialistas que su jefe Juan Luis Gordo no se mete el dedo en la llaga al diputado Jesús Merino, cuando está imputado en el caso Gürtel junto con el tesorero de los populares , Luis Bárcenas, pues también hay que achacárselo al mensajero, pese a que recoja que el interesado lo niega. Que los envidiosos se alimentan de calumnias, disfrutan lacerando, azotando corazones anchos, que nunca perdonarán que se les perdone ni que se les ame. Lo correcto es echar la cremallera, dejarse llevar por los gabinetes, obedecer a los mercenarios del mensaje único y aplaudir cómo lo hacen de bien los responsables de la televisión popular, que preside su señoría Javier Gómez, que consigue grandes contratos del Metro de Madrid, para promocionar el Suburbano en la ciudad del Acueducto, y no a estos "mataos" que parece que gritan cuando se les asfixia. Pero hay quien ahoga su garganta con la rabia y no dan amor, lo exige.
viernes 3 de julio de 2009
Santos
Poca gracia e ingenio irradia la portavoz municipal de los populares, Beatriz Escudero, cuando quiere elevar a los altares como "mártir segoviano" a "San Contribuyente", el 1 de julio, porque es cuando ha entrado en vigor la zona verde de aparcamiento. Decir esto no avala la pésima política de tráfico del equipo del alcalde Pedro Arahuetes, más agravada en el recinto histórico. Lo menos que se puede pedir a un político que habla de los temas relacionados con el ciudadano y su bolsillo es algo más de rigor, no matraca, que ya cansa, que no vemos al nuevo jefe del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz Roldán, gastándo la bromita de decir que el santo de los espías es San Conery; o a Iñaky Gabilondo hablar de Simón Templar como el santo de la televisión o recurrir a San vero, como santo de los mentirosos. De eso, de engaño, trató casi en exclusiva el último comité de dirección del PP de Segovia, que preside Francisco Vázquez, para tratar de convencer a los asistentes que el secretario general de los socialistas, Juan Luis Gordo, había mentido cuando dijo que su homólogo en el PP, Miguel Ángel de Vicente, lamentó ante un grupo de diputados provinciales que el PSOE no le metiera el dedo en la llaga al parlamentario Jesús Merino, ahora que podía, debido a su posible vinculación con el caso Gürtel. Se ignora si todas las explicaciones –hay quien sostiene que el ser humano tarda más mintiendo que diciendo la verdad– llegaron a convencer a la concurrencia de que todo esto es cosa del dirigente socialista para tratar de dividir, argumentando que también había criticado a la consejera Silvia Clemente, por estar de campaña permanente antes de las europeas. Dice un veterano militante conservador que a quien puede ofender esa afirmación es a quien se atribuye el éxito electoral, a ver si es que se descubre que trabajó menos de lo que presume… Hace pocos días, un periódico nacional recogía las impresiones sobre Merino de muchos diputados de su grupo y concluía: Sólo en Segovia dicen que no despierta "muchas simpatías" porque ha tenido sus más y sus menos en el partido. Y es que, aunque no brille por su cortesía parlamentaria, es mejor la sinceridad de Vicente Martínez Pujalte que pide dimisiones, sin rodeos, sin esconderse. Hay que dar la cara. “Del santo me espanto, del pillo no tanto”, dice el refrán.
jueves 25 de junio de 2009
Limoneros

Los limoneros del escritor Ramón Ayerra no son los de Las Alpujarras que tanto éxito han dado a Chris Stewart, habitual en las citas del Hay Festival, inmerso ya en plena programación, entre el 24 y el 27 de septiembre próximos. Habrá referencias al naturalista Charles Darwin, se hablará del muro de Berlín –cuando se cumplen veinte años de su caída y sesenta de la creación la república federal– o se rendirá homenaje a Mario Benedetti, ahora repartido "en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen", como recogió en su poema Chau número tres. El escritor estrechamente vinculado con Segovia, experto como nadie en literatura de viaje y autor de novelas finalistas del Planeta, regresa a sus orígenes, a la poesía, como recuerda su amigo Antonio Madrigal, hijo de la de la revista más audaz para el lector más inteligente, criado a los pechos de Antonio Lara Tono, humorista vigente y abstracto adrede. Ayerra ya trabajó el texto poético en Pequeñas cuestiones, en 1973, y vuelve a raíz de permanecer un tiempo en Sicilia, inmerso en lo que define como el grito inmenso de los limoneros, agrios y chillones, pregonando el júbilo de su piel preciosa, donde la tierra se convierte en alarido. Con la expresión del sentimiento que nace puro –le llaman poesía– el juego con las palabras o ese sabio empleo de las que le sirven para construir un ambiente distendido o de las que van describiendo el paisaje elegido, en el golfo de Maxos, bajo los limoneros, en el Capo Taormina. Así ha ido trabajándose Ayerra su librito de poemas en el que también hay un palacete y, como si fuera cine, se pueden ver a la bambina Rosalía Lombardi, que reposa, embalsamada y bellísima, y los felices recreos del arzobispo de Siracusa o los últimos instantes de Emanuele Raguso, del Cuerpo de carabineros, destinado en Catania. Ayerra sigue afinando con el lenguaje, marcando bien, como director de orquetas con cada uno de los movimientos, profundos y suaves, pero sin olvidar el grito: "'Ti amo Palermo'/canta un rótulo en un muro/ 'morte al fascio'/ canta otro en la pared vecina/son mensajes breves/y contundentes/avisos de que las ideas/y las emociones/sobreviven a la incuria/a los desmanes del tiempo/a los solares/ bien abastecidos de desechos/y de perros flacos/y nerviosos/trabajándose el sustento/hurga que te hurga/en la basura…" .
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viernes 19 de junio de 2009
Noticia
El escritor y periodista José García Abad define la palabra noticia como el momento en que "hay alguien que no quiere que algo se publique". De hecho es el título del primer capítulo de su novela Sobra un rey, donde los protagonistas son los cronistas Jaime de Garcillán y Alonso de Torrelaguna, personajes de ficción, aunque el marco político, religioso, cultural y social en que se mueven es muy riguroso, a comienzos del siglo XVI, tras la muerte de Isabel la Católica, cuando Fernando, el viejo zorro que sirvió de inspiración a Maquiavelo, y su yerno, Felipe el Hermoso, inician una lucha feroz por el trono de Castilla. Hay cosas que no han cambiado, pese a haber pasado más de quinientos años, hasta el problema de la inmigración –actitudes racistas, antes vinculadas al hecho de la asimilación de los moriscos tras la conquista de Granada– y las polémicas en torno a las autonomías; pero está claro que hay fricción cuando la pluma hace de espada. Pueden preguntar a los fotógrafos de prensa que cubrían una manifestación de celadores del Hospital General, que fueron obligados a retirarse por orden del gerente del complejo, Juan Carlos Risueño, quien reconoce la palabra información pero sólo cuando a él le interesa. Es normal habitual que la política se haga a través de un cuidado exquisito de la imagen –antes con obras de notoriedad y ahora a través de los medios–. Y se saca partido hasta de Internet –esto sí que no existía hace cinco siglos– cuando hay quien se aprovecha de un hipotético ataque a su página web, para compararse, nada menos, que con La Moncloa y la Casa Blanca. ¡Espectacular! Encajaban ahora las palabras de Alfonso Guerra el día en que varios democristianos de Segovia denunciaron escuchas ilegales, a lo que con su gracejo sevillano respondió: "como no sea para enterarnos de la hora en que rezan el rosario en familia". Otro punto en común con el medievo, como reconoce García Abad: la Iglesia sigue mandando lo mismo, mientras que la nobleza perdió poder, que ha pasado a los aristócratas del dinero. ¿Y cómo se podrá explicar en el futuro lo de la prohibición del paso bajo el acueducto del ecobús porque alguien calentó la cabeza al presidente de Castilla –y León– Juan Vicente Herrera y quiso dar una patada al alcalde, Pedro Arahuetes, en el culo de los segovianos?. Que luego pasa a la historia.
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