lunes 27 de diciembre de 2010

Pluralidad

El cierre del canal de noticias CNN+ ha corroborado los peores pronósticos, a finales de año, sobre la profunda crisis que sufren los medios de comunicación, con una tendencia a empeorar,  mientras en las filas del paro se van agrupando voces calladas, silenciadas a la fuerza, en un peligroso fenómeno similar a la censura de la dictadura franquista. Comentaba estos días Iñaki Gabilondo que la desaparición de un medio es una noticia muy triste para la sociedad. Lo es, porque se resiente la pluralidad de ideas y la democracia, hasta el punto de que si se añaden los recortes y la precariedad que padecen muchas redacciones vemos avanzar con fuerza una seria amenaza contra la libertad de expresión. No hablamos de que se haya perdido una visión informativa progresista con la desaparición de la cadena que alumbró Francisco G. Basterra, con profesionales como Antonio San José o José María Calleja, sino de que la alternativa no es otra que la telerrealidad, la información espectáculo y el menaje demagógico, de consumo rápido y debates ininteligibles –por las voces que se intercambian–. Eso sin contar las dificultades  con las que se encuentra, en muchos entornos,  el ejercicio de la profesión periodística convertida en una aventura diaria y con el peligro de caer en la autocensura, para tratar de llevar una convivencia pacífica. Porque sigue habiendo personajes que, en vez de asumir la crítica, prefieren aprovecharse del momento, sin escrúpulos, y recurren a ruedas de prensa sin preguntas, refuerzan las armaduras de sus escuderos/ propagandistas, ofrecen una señal única de televisión y, por si fuera poco, intervienen directamente en la línea editorial de las televisiones, como va a ocurrir con la aplicación de la reformada Ley Electoral, donde se imponen bloques políticos en los informativos de las televisiones privadas. Esto requiere una profunda reflexión y quizá un pacto entre editores, periodistas y fuerzas políticas y sociales, para recuperar la calidad informativa y el empleo, pero también una implicación de la sociedad,   para que reflexione si quiere un futuro con libertad  de opinión y de expresión limitadas. Tradicionalmente, los medios, los periodistas, han mantenido una actitud de seguimiento hacia los problemas de los ciudadanos. Ahora,  nadie acude en su ayuda,  cuando se les quema el edificio,  incluso se les agrede en público,  mientras se reclama un periodismo rápido, de calidad y veracidad. Eso sí, gratis, que los periodistas no comen.